¿Qué nos enseña la historia de la Ciencia? (La última clase con J.M. Sánchez Ron)

¿Qué nos enseña la historia de la Ciencia? (La última clase con J.M. Sánchez Ron)

Ayer dio su última clase en la Universidad José Manuel Sánchez Ron. Sentado sobre la mesa, en una discreta aula del módulo de Física Teórica, con su compañero más fiel: un libro en las manos, y contando el descubrimiento del ADN. Empezamos en los modestos guisantes de Mendel (que pasaron desapercibidos para Darwin), recorrimos los experimentos de mutaciones de la mosca del vinagre de Morgan («la drosophila es el acelerador de partículas de la genética», nos dijo), y llegamos, cómo no, hasta el Laboratorio Cavendish donde Watson y Crick se encontraron. Así acabó su curso de Historia de la Ciencia, con otro viaje de conexiones insospechadas que pueden parecer fortuitas, pero que bien comprendidas, te enseñan lo complicado que es el avance del conocimiento.

José Manuel Sánchez Ron, catedrático de historia de la ciencia y académico de la lengua española

Cuando hace 15 años José Manuel me dio Relatividad General (de la que aún guardo unos apuntes fantásticos) no podía sospechar que volvería a ser estudiante suyo, pero gracias a Rafa (@rafasith) y a su envidiosa agenda científica, pude apuntarme a tiempo a este curso. No me habría perdonado perdérmelo al descubrir que sólo tres plantas por encima de mi laboratorio este gran profesor de Historia de la Ciencia (el mayor experto en Einstein que conozco) estaba repasando los grandes éxitos del pensamiento humano. Como me he librado de los exámenes por aquello de no tener más deseo que el de aprender, me he puesto como trabajo para aprobar este pequeño homenaje en forma de entrada: os dejo a vosotros que me pongáis la puntuación.

Esquema de Darwin en El origen de las especies, uno de los momentos estelares de la historia de la ciencia

No os puedo contar (ya me gustaría) el largo paseo que hemos dado desde Copérnico, el inicio del curso, hasta Watson y Crick, pero sí os puedo contar algunas de las cosas que pasaron en la clase final. Aunque antes de eso quiero empezar por decir que de pequeño no apreciaba mucho la historia: la veía como una cantidad aburrida de fechas y sucesos que para mí no tenían ninguna importancia y que había que memorizar inútilmente. Seguramente muchos alumnos comparten este sentimiento en el colegio. Ahora, quizá sea cuestión de que me hago mayor, creo que enseñar historia es importantísimo, y creo que enseñar historia de la ciencia lo es todavía más.

La teoría de los cuatro elementos, precursora (a su manera) de los elementos químicos.

Gauss solía decir que cuando construyes una casa no dejas los andamios puestos, y que con las matemáticas hay que hacer lo mismo. Sin embargo es un error ocultar esos andamios de la ciencia, porque aunque lo vital para nosotros sea el conocimiento, esos andamios nos enseñan el método para lograrlo, las dificultades que tuvimos que superar, e incluso las casualidades que nos llevaron a ello. Y es que una de las cosas más importantes que he aprendido en este curso es a tener cuidado con el anacronismo: no juzgar injustamente la ciencia de ayer con los ojos de hoy. La teoría de los cuatro elementos de la naturaleza (fuego, tierra, agua y aire) puede parecernos muy ingenua ahora, pero tenía un gran valor para explicar el mundo en el momento en el que surgió. Al eliminar los andamios que nos llevaron a mejorar el conocimiento científico corremos el riesgo de caer en la simplificación.

Hay mucho que aprender de las historias escondidas detrás del principio de conservación de la energía, de la microbiología médica, o de la teoría de la evolución, pero después de todo un curso como éste me quedaba una pregunta rondándome la cabeza, así que antes de darnos el adiós quise hacérsela al profesor: ¿qué mensaje podemos extraer de todas esas historias?, pregunté. La respuesta de José Manuel, tan sagaz como siempre, contenía tres ideas que merece la pena recordar. Primero aclaró los límites de la historia:

La historia no demuestra nada; la historia sólo te ayuda a establecer relaciones causales entre acontecimientos pasados.

Eso quiere decir que en las mismas circunstancias podríamos cometer errores distintos, o encontrar teorías diferentes, o que existieran conexiones personales alternativas. La historia no tiene ningún poder para predecir el futuro (esto me recordó a Harari).

Después, y a pesar de lo que nos había dicho, se sacó esta conclusión:

La clave es que no hay un método científico como tal porque la ciencia es humana, pero a diferencia de otras disciplinas la ciencia tiene un filtro final que es la realidad. Y si algo puede llamarse ciencia es porque es un sistema lógico con capacidad predictiva; no basta con que explique el pasado.

Pero no se quedó contento con ello y se aventuró a hablar del futuro de la ciencia, y de lo diferente que sería de lo que conocemos hoy.

La ciencia no vendrá dada ya por nombres discretos como Newton, Darwin o Einstein sino por grupos de investigación. La ciencia se distinguirá cada vez menos de la tecnología. La ciencia será cada vez más interdisciplinar.

Difracción de rayos X del ADN obtenida por Rosalind Franklin y su estudiante.

Y en un brillante ejercicio docente cerró el círculo de la clase y dijo: tan interdisciplinar como el descubrimiento del ADN, donde una técnica puramente física, la difracción de rayos X, fue la llave para descifrar el código de la vida.

En mi nombre y en nombre de todos los alumnos… ha sido un placer aprender de ti. ¡Gracias José Manuel! Siempre recordaré esa frase que tanto repites y que tanto me invita a seguir aprendiendo:

Habría mucho que decir sobre eso…

@DayInLab

P.D.: Si por alguna casualidad lees esto, profesor, espero que me perdones las faltas de ortografía, aunque ambos seamos amantes de las tildes diacríticas.