Experimentos sociales que dicen mucho de nosotros

Ya he contado en alguna ocasión que además de hacer experimentos en el laboratorio, siento mucho interés por los experimentos sociales, tanto que alguna vez he realizado alguno en clase. Aunque hay muchos experimentos de este tipo (algunos piensan que para hacer un experimento social basta con grabar videos de gente en youtube), no todos están bien dirigidos y nos enseñan cosas sorprendentes sobre nosotros. Ahora que ando leyendo sobre cómo somos los Homo sapiens y reflexionando un poco sobre nuestra psicología he decidido recopilar mis 5 experimentos favoritos en esta entrada. Aunque la mayoría son clásicos, no por ello dejan de ser fascinantes. Espero que os gusten.

Justicia y el pago a los monos capuchinos (Frans de Waal)

Los humanos tenemos muy arraigado el sentimiento de justicia, que está bastante ligado al de egoísmo. Somos conscientes de que todos buscamos nuestro propio beneficio, y de alguna manera tendemos a generar un orden natural por medio de la justicia: tu egoísmo y el mío deben entenderse. Un ejemplo muy claro sobre eso es el juego del ultimátum, diseñado por cuatro economistas (Güth, Werner, Schmittberger y Schwarze) en 1982. El juego es el siguiente: hay 100 euros para repartir entre dos personas. El primero puede elegir cómo se reparte (por ejemplo, 70 para mí y 30 para ti), pero sólo el segundo puede elegir si se reparte.

La idea es que ninguno de los dos tiene nada al principio del juego, luego los dos jugadores ganan dinero con él, salvo en el caso extremo en el que la propuesta sea que todo es para uno. Según eso, si el primero propone 99 para mí y 1 para ti, el segundo debería decir “vale”. Si lo rechaza, pierde dinero. ¿Lógico, verdad? Pero tú tampoco aceptarías. ¿Por qué? Porque es un reparto muy egoísta. Los experimentos demuestran que no aceptamos situaciones de reparto desigual, incluso si ganamos con ello. Preferimos castigar al abusón, aunque perdamos dinero. Conociendo eso, los proponentes suelen pedir repartos con ligeras ganancias del 60/40, aunque al parecer se han encontrado diferencias significativas dependiendo del grupo (por ejemplo entre tribus de Perú y Tanzania). Este tipo de juego es un caso más o menos simplificado del famoso dilema del prisionero y demuestra que la cooperación es un asunto complejo.

Los humanos tendemos a pensar que somos muy especiales y que este tipo de ideas complejas como la justicia son propias de nuestra especie. Precisamente por eso, el experimento con el que me quedo es uno realizado con monos capuchinos. El sistema es similar al juego del ultimátum. Hay dos monos que se ven entre ellos y que tienen que realizar la misma tarea (dar una roca). Normalmente se les paga a los dos con pepino cuando la hacen. Sin embargo, en un caso se decide pagar a uno con uvas y al otro con pepino. ¿Vosotros qué haríais?

Este experimento se ha repetido también con pájaros y perros y lo que nos demuestra que no somos tan especiales y que algunos conceptos complejos como el de justicia son universales entre los animales.

El inconsciente y el efecto Florida (John Bargh)

No somos conscientes de lo importantes que son las decisiones que toma nuestros cerebro sin nuestro consentimiento. El experimento Florida de John Bargh me parece uno de los más maravillosos en este sentido. El test se hizo a dos grupos de personas y consistía en ordenar frases distintas. Luego tenían que ir a otra sala a continuar con otro test. A un grupo se les dió frases que contenían palabras como Florida, testarudo, gris, bingo, sabio, arruga… que se relacionan con una edad avanzada (los jubilados van a Florida en Estados Unidos). A otro se les dió frases que contenían palabras neutrales. El experimento en realidad no tenía nada que ver con las frases y cómo de bien ordenaban las palabras. El experimento consistía en medir el tiempo que tardaban en recorrer el pasillo de 9.75 m después del test  ¿Qué pasó?

florida

Resultados del experimento Florida.

¡El grupo que había recibido las palabras relacionadas con la vejez tardó varios segundos más en recorrer el pasillo! Esto se debe a que tenemos una memoria implícita que nos afecta en nuestro comportamiento, y que se puede estimular a distintos niveles. El experimento Florida nos enseña que no somos totalmente dueños de lo que hacemos, y que gran parte de nuestras acciones son inconscientes.

El éxito y el test de la nube (Walter Mischel)

En los años 60 Walter Mischel hizo un experimento con niños muy interesante conocido como el experimento de la nube o de la golosina. La idea es que se pone a un niño de 4 años delante de una golosina y se le dice que se la puede tomar inmediatamente, o que puede esperar 15 minutos y entonces, le darán otra. ¿Tú qué harías?

15 minutos son muchos minutos delante de una golosina, sobre todo si eres un niño, y este experimento dice mucho del autocontrol, pero lo verdaderamente sorprendente del experimento no es cuántos se la comieron y cuántos no. Lo impactante en este caso, al igual que en el experimento Florida, es que muchos años después se hizo un estudio de la vida de esos niños y se concluyó que aquellos que habían conseguido contenerse para conseguir la segunda golosina eran más competentes y sacaban mejores notas que los que no lo hicieron. La moraleja es que aquellos que saben retrasar una gratificación instantánea en previsión de otra mayor tienen más éxito gracias a esa capacidad de sacrificio.

La opinión y el experimento del palito (Solomon Asch)

Somos seres sociales. Nos preocupa lo que los demás piensan de nosotros, y nos preocupa tanto que muchas veces tenemos miedo a decepcionarlos. Solomon Asch hizo un popular experimento, repetido muchas veces distintas con iguales resultados: la mayoría nos influye. Como ya andaréis cansados de leer os dejo un vídeo que explica el test.

Este experimento me gusta particularmente por sus repercusiones sobre la verdad. No importa que veamos claramente la respuesta, no importa que sepamos que tenemos razón, aún así somos capaces de cambiar de opinión por mantener el sentimiento de grupo. Como decía Feynman, parece que nosotros mismos somos la persona más fácil de engañar. Hay otros experimentos en este sentido, que refuerzan el hecho de lo fácil que nos resulta ir en contra de nosotros mismos, incluso cuando sabemos que hacemos algo mal. El más famoso de ellos es el experimento de Milgram sobre la obediencia a la autoridad.

La utopía y el Universo 25 (John B. Calhoun)

Para acabar mi lista vuelvo a un experimento con animales, antiguo, pero muy representativo de nuestra situación actual en el planeta. El experimento se conoce como Universo 25 y fue realizado con ratones. La idea era crear un mundo utópico para los ratones, donde tuvieran comida y bebida ilimitada, condiciones de humedad y temperatura ideales, limpieza, y nidos donde estar. La única limitación era el espacio. Empezó con 4 parejas de ratones que, efectivamente, se sentían como Adán y Eva en el jardín del edén.

Por supuesto, en un sitio tan maravilloso, los ratones empezaron a procrear. Tras 315 días la población había crecido enormemente, y eran más de 600 ratones. A partir de ese momento la población empezó a disminuir. Aunque seguía habiendo comida para todos, los machos tenían que defender sus territorios constantemente y no podían soportar el estrés y la violencia. Algunos abandonaron sus territorios y a sus hembras. Las hembras tuvieron que ejercer el papel de los machos y redujeron su periodo de lactancia. Disminuyó el ritmo de procreación. Los más débiles quedaron atrapados en zonas sin comida. Empezó la anarquía y se redujo el sexo. Se formaron grupos apáticos, y al final la población entera sucumbió.

Este experimento, si bien no es formalmente psicológico, nos enseña mucho sobre la relación entre los recursos y el comportamiento. La analogía con los humanos y la Tierra es, por supuesto, inmediata. Vivimos en un mundo grande, donde nos hemos expandido al igual que los ratones de Calhoun, pero no es infinito y por supuesto, tampoco ideal. Pero sobre todo, y  a diferencia del Universo 25: nuestro planeta no tiene recursos ilimitados, ni agua potable, ni comida, ni bosques, ni océanos, ni atmósfera infinita.

Cierro con este experimento precisamente por eso: si tenemos que aprender algo de los experimentos sociales, que sea el hecho de que no podemos existir sin estar en equilibrio con la Naturaleza. Aún no lo hemos entendido.

@DayInLab

 

P.D.: ¿Me ayudáis con otro experimento social?

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