La réplica

Marcas tu presencia antes de entrar y cruzas la puerta, cargado con tu cuaderno de laboratorio y unos pocos billones de bacterias. Ni un sólo lápiz: están tan prohibidos como el perfume. Pisas sin miedo esa alfombra pegajosa que se quedará con el polvo de tus zapatos. El otro, el polvo de estrellas que eres tú, aún tiene que vestirse. Tu ropa no sirve. Llena de algodón, o lana, o de cualquier otro todo tipo de fibra. Llena de restos biológicos, y quizá de alguna pestaña perdida con la que pedir deseos. Es inaceptable. Para la ciencia que quieres hacer hay que robarle la precisión a un mundo sucio, muy sucio.

Te tapas el pelo con la capucha y te abrochas la cremallera del mono antiestático, porque los botones y la electricidad también son enemigos ahí dentro. Te enfundas los patucos y pasas de lado, con ese ritual hermoso y cuidado; primero cruzas un pie, después el otro. Te pones los guantes. Estás listo, pero echas un último vistazo al espejo. Quizá en otra ocasión no te mirarías en él, pero ahora tienes que hacerlo, aunque no te reconozcas detrás de tantas capas. Vas a entrar en una sala blanca de clase 10000, donde el nanómetro es una escala protegida, donde tener éxito puede depender de contener la respiración.

Das un paso y abres la puerta de ese mundo aislado que es más limpio que un quirófano. Afuera continúa la vida, continúan los pasos y todas las demás partículas en el aire. Ellos no lo entienden, pero tú sí. Tú sabes que donde entras una huella dactilar puede ser todo un asesinato. Podrías haber entrado otro día, pero hoy no es un día cualquiera. Sabes que ese magnetrón te espera y que necesitas ver el plasma otra vez. Estás decidido a hacer una nueva réplica. Es una mentira bonita, porque sabes que esos átomos se depositarán en una forma que jamás ha existido antes en el Universo. No puedes controlarlos tanto. Descubres, sin embargo, otra réplica; una de verdad, una para la que no existe protección en ninguna sala blanca de la Tierra… es el latido de tu corazón al sacar la muestra.

@DayInLab

Una respuesta a “La réplica

  1. Pingback: Medir de blanco (y sin palomas) | Another Day In The Lab·

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